I
Indigno yo era de verte, Señor,
y tu voz no podía escuchar,
imposible me era comprender
tu amor,
que en la cruz nos veniste a expresar.

coro
Indigno, indigno, en el pecado
y en la maldad así viví,
solitario y muy triste
moría sin Tí, más tu amor
me hizo salvo en verdad.

II
El pecado creciendo
de Dios me apartó,
y extraviado por sendas de error,
conducía mi vida a la destrucción,
pero en Cristo encontré salvación.

III
Con su gracia divina el pecado mató,
y al hombre así pudo salvar,
con su sangre preciosa mi alma lavó,
e hijo digno hoy me quiere llamar.

 

Vicente Moreno Reyes
Himnario de Suprema alabanza no. 218