1
Jubiloso estruendo se oía,
de un varón que milagros hacía,
a los hombres convencía,
que el poder de Dios tenía;
todo el mundo a El salía:
al enfermo iba sanando
y a los muertos resucitando;
¡Nunca ha hablado hombre
como éste !
Mi Jesús, el Santo de Dios.

2
Cerca de una ciudad a la entrada,
un varón ciego mendigaba,
cuando oyó que allí pasaba
un Señor, dizque sanaba:
El clamó con toda el alma,
y Jesús lo consoló,
pues su vista restauró:
¡ Nunca ha hablado hombre
como éste !
Mi Jesús, el Santo de Dios.

3
Angustiada una madre lloraba,
pues los restos de su hijo llevaban;
el vivir ya no deseaba,
muerto había el que ella amaba;
a Naín Jesús llegaba
cuando al féretro se llegó,
aquel ser se incorporó:
¡ Nunca ha hablado hombre
como éste !
Mi Jesús, el Santo de Dios.

4
Por violenta tempestad cruzaban
cierta vez en alta mar navegaban;
¿Quien nos salvará? Pensaron,
y a Jesús que dormía, despertaron;
y asombrados se quedaron,
cuando al reprender la mar hizo al
viento aún cesar:
¡ Nunca ha hablado hombre
como éste !
Mi Jesús, el Santo de Dios.

Lorenzo E. Salazar.
Himnario de Suprema alabanza no. 344
Himnario de Consolación no. 298
Himnario Cristo viene alabanza y victoria no. 431

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